La manufactura del tabaco, una producción llena de tradición y de gran peso económico


El gran motor económico actual de Andorra es el turismo, pero hasta hace poco, el peso importante de la economía del país recaía sobre la producción de tabaco. Gran parte de los habitantes del Principado se dedicaban a este sector y se encargaban de sacar adelante una manufactura fuerza elaborada y llena de tradición.

El proceso original de producción constaba de siete pasos que se hacían manualmente: antes que nada había que hacer la plantación y el cultivo de las hojas de tabaco, una vez se recogía la cosecha, se procedía a la limpieza de la hoja y en la selección según la su calidad. A continuación, se pasaba a la fermentación, que consistía en agrupar las hojas en manojos y colocarlas formando pilas de cinco mil o siete mil kilogramos. Estas pilas se iban humedeciendo de forma periódica para eliminar la acidez de la planta. El proceso se repetía dos o tres veces para asegurar la fermentación correcta del tabaco.


Una vez hecha la fermentación, se procedía al picado. Al principio, el picado de las hojas se hacía manualmente, pero con la evolución industrial, este fue uno de los primeros procesos a mecanizarse y se ganó mucha velocidad en su realización. Según la forma de tecleo obtenía picadura o escafarlata. La picadura se daba cuando la hoja se picaba en forma de cuadrado y se mezclaba con diferentes tipos de tabaco según el producto que se quería obtener. Mientras que si la hoja se picaba en forma de hilos, se obtenía el escafarlata. A este producto se le añadían diferentes aromas para darle un sabor o un olor determinado.

Tras el picado se realizaba la fabricación del producto que se quisiera comercializar (baldosas o pastillas, cigarrillos o cigarrillos y cigarros). Y una vez se tenía la producción, se procedía al empaquetamiento. Una buena parte de la producción era empaquetada en fardos y se vendía a los contrabandistas.

Hoy en día, estos procesos siguen vigentes pero se hacen de forma mecanizada.