¿Tiene posibilidades Andorra de ser territorio Reserva de la Biosfera?



El Gobierno anunció hace 10 meses que presentaría una candidatura a la UNESCO para ser el primer país Reserva de la Biosfera del mundo. Ya en ese momento, se quiso destacar que obtener el reconocimiento no supondría tener que proteger ningún elemento, sino que el objetivo sería conciliar la biodiversidad del Principado con el crecimiento económico, la investigación y la educación. ¿Tiene realmente posibilidades de que la candidatura salga adelante?


Lo primero es explicar en qué consiste realmente ser un territorio Reserva de la Biosfera. Andorra quedaría dividida en tres zonas: un núcleo con un ecosistema singular protegido, una zona tampón, indicada para llevar a cabo actividades de poco impacto, y por último la zona de transición, en la que se desarrollaría la actividad humana y económica de acuerdo con “criterios de sostenibilidad y viabilidad a largo plazo”. ¿Qué criterios son estos? Pues están por definir.


Según explica el biólogo y miembro de Ad Hoc, Marc Mossoll, el reconocimiento de Reserva de la Biosfera es una figura que se creó hace 50 años y que, por lo tanto, está diseñado para tratar con las problemáticas a nivel medioambiental de esa época. “Es una figura muy flexible. Podemos decir que Andorra tiene una página en blanco y debe escribir las normas”, asegura, y añade que “puede ser muy buena para impulsar la calidad de vida, pero también puede servir tan solo como reclamo turístico”.


Marc Mosoll: “debemos crear una red de parques naturales para garantizar la biodiversidad y los paisajes y plantearnos si realmente podemos seguir creciendo en número de habitantes, de visitantes, edificios e infraestructuras”.

Respecto a algunos de los proyectos que más controversia han generado, como el puente tibetano que se está instalando en Canillo, el teleférico que se quiere construir para llegar a Carroi o el reciente pacto entre Gobierno y Grífols para contar con un laboratorio de nivel de seguridad P3 en Ordino, Mossoll no considera que puedan ser un impedimento para la obtención del reconocimiento. No obstante, destaca que “hay un problema con el concepto y la imagen que se quiere dar. Por ejemplo, la impulsión desenfrenada del sector de la construcción por parte de todas las administraciones es totalmente antagonista con el proyecto de la candidatura”.


Ante el desconocimiento generalizado respecto a lo que puede suponer tener en Andorra un laboratorio de tales características, Arnau Calvet, licenciado en biotecnología ha querido despejar algunas dudas desde su punto de vista. Según sus conocimientos, la contaminación que generan estas instalaciones es muy baja: “no emiten humos ni generan residuos contaminantes. Es cierto que tratarán con virus, pero también investigarán terapias inmunológicas contra el cáncer o el lupus”.


Además, Calvet ha defendido que “Andorra tiene mucha flora y fauna, características que la hacen interesante para este tipo de laboratorios. Este país necesita reinventarse. Innovar. Quizás la localización elegida no es la mejor, pero debemos pensar en las oportunidades laborales que ofrecerá a mucha gente del país que hasta ahora no podía construirse un futuro aquí y también en los beneficios que nos puede aportar”.


Por último, Marc Mossoll concluye que “las políticas medioambientales actuales no son un problema porque el 50% del país puede servir como núcleo central protegido. No es difícil presentarse. Desde Ad Hoc creemos que, además, debemos crear una red de parques naturales para garantizar la biodiversidad y los paisajes y plantearnos si realmente podemos seguir creciendo en número de habitantes, de visitantes, edificios e infraestructuras”.